A veces me pasa como todo el mundo. Cuando estoy directamente implicado, me cuesta salirme de mi “avatar” y mirar la situación con perspectiva externa e imparcialidad. Pero es una práctica de la que procuro hacer uso siempre que es posible. Por muy grave que sea el problema, por poco tiempo que tenga. Fue gracias a un viaje que me colocó involuntariamente en esta situación el que tomé decisiones muy importantes en mi vida, y gracias a ellas, cambié para mejor.
Esta filosofía tiene aplicación en todos los ámbitos y disciplinas, y no es más que una simplificación del ZEN , que aspira a comprender el mundo observándolo, conociéndolo, evitando esquemas conceptuales (los que cada uno aporta) y que ese conocimiento te permita transcenderlo e iluminarte (a muy grandes rasgos).
En nuestro medio también tiene múltiples aplicaciones: desde la necesidad de actuar como tu usuario (usabilidad), cliente (márketing), enemigo (seguridad) o business angel (financiación), para poder dirigir tu creatividad y estrategia, hasta para analizar cómo quieres que los demás te perciban como entidad y como profesional.
Cuando eres emprendedor, tomas claramente un riesgo. Mayor o menor en función de la situación y opciones de cada uno, pero un riesgo al fin y al cabo. Y en muchas ocasiones, a pesar del ejercicio ZEN de mirar desde fuera y evaluar los riesgos, se toma la decisión de lanzarse por cuestiones más intuitivas que racionales. No es lógico, pero forma parte de la esencia humana.
De la misma manera, cuando te has lanzado y sobreviene una época de crisis, cuando todo tu trabajo invertido se encuentra en peligro, cuando la situación empieza a ahogarte, es humano arremeter contra el primero que se te pone a tiro. Pero no perdamos el norte. Salgamos de nuevo fuera. No seamos tan cenutrios como para hacer algo como ESTO .
Sólo hay que pensar: ¿cómo veríamos lo que ha hecho este señor si hubiera ocurrido en unos USA sumergidos en la crisis mientras que nosotros nos encontrasemos saneados? ¿Y si en vez de los USA fuese otro país? Pues eso.
Nunca me imaginaría a alguien actuando de esta manera en Francia o en Alemania. Creo además que así te quitas todos los posibles argumentos que tengas para una queja, sobre todo si antes no has utilizado todos los instrumentos a tu disposición para tramitarla. Y sin embargo, mil voces, algunas incluso con cierta notoriedad, han apoyado el gesto, jaleándolo de forma sesgada, cuan masa enfervorecida llamando a las puertas del castillo.
Debo ser raro, pero si tengo problemas, aplicaré todos mis esfuerzos en intentar salir de ellos, nunca invertiré ese tiempo y esfuerzo en una pataleta porque mi papá no me da lo que quiere. Se es emprendedor para lo bueno, pero también para lo malo.